domingo, 20 de mayo de 2012
viernes, 18 de mayo de 2012
Si el amor de felicidad se trata, el tenerlo al lado, nos maltrata.
Comenzó el día, el amanecer hacía arder los grandes ventanales, ese bello destello de luz apaciguando el despertar. Toda la magnificencia del árbol, de las nubes celestiales, del sonar de los pájaros y de aquel gallo que se encontraba a unas pocas casas pegadas a mi magnífico alumbramiento mañanero. Era el gran día, todo relucía inmensamente excitante, todo era luz, todo era especial, pues a pocas horas del día esperado, de la mañana anhelada, de la espera de días enteros de ese encuentro amoroso con su enamorada, Azul.
Se levantó Juan con todas sus ansias a afeitarse, a cambiarse y a incurrir a la primer cita con Rocío.
Eran pasadas las diez, cuando ya se encontraba a pleno encuentro. Llegó al cabo de media hora de camita, aunque para el muchacho eran momentos de puro esbozo de felicidad y no pasaba el tiempo, puesto que disfrutaba desde la espera hasta la despedida, admiraba por completo cualquier desesperación a causa de amor. Amaba por completo –o al menos era lo que en su mente se creía el-, sentía amor por encontrarse, ya que sentía la ilusión de fantasear sobre que harían, que diría, cuantos besos recibiría, cuantas caricias; también sentía amor por el desencuentro, el saludo final, el apasionado beso que se darían, las claras imágenes que se le formarían a posteriori.
Allí venía su amada, con mirada ignorante hacía él, ¿no lo habría reconocido? acaso, ¿lo hacía apropósito el mantener esa mirada perdida para hacerse lucir ante su amado? Son solo cosas que se le aparecían sin explicación y sin contestación a sí mismo, siempre le alteraba el qué pasaría, al ver a alguien. Claro está que se dejaba ilusionar en soledad, se dejaba llevar por la imaginación Juan, aunque de ello dependiera el futuro, más cuando la vida atravesaba la imaginación no podía controlar la fantasía, algún hilo se cortaba y lo dejaba caer a la realidad. Poco a poco se acercaba Azul. A paso lento, pero seducidor. Él se levantó a recibirla, ella advirtió su presencia y sonrió. Al cabo de unos segundos abrazados se saludaron.
- ¡Juan qué cambiado que estás! –dijo la jovenzuela al sonreír. Me acuerdo de tu cara, aunque ya no es la misma que tenías de niño; pero seguís teniendo esa angelical mirada, esa sonrisa apasionada, me alegra mucho volver a vernos después de tantos años. ¡Hay como pasan los años, querido!
- Gracias –ahora comprendía el porque ella lo había esquivado con la mirada, no lo había reconocido-, vos aún conservas tu magia en las palabras, tu sonrisa, tus bellos rizos. ¡Cuan alegre estoy de verte también! ¿cuántos años han pasado? ¿diez? No importa, yo también ya perdí la cuenta – sonrió a la ignorancia de la memoria.
- Fue mucho, pero aún te tengo en mi cabeza revoloteando, tengo sed ¿vamos a tomar un helado?
Ambos se tomaron de la mano y encaminaron a la heladería.
Él optó por invitarle, como buen caballero y así concluyeron a una larga conversación a raíz de preguntas de su infancia, de sus recuerdos. ¡Cuan lindo era recordar esos momentos! –pensó Juan.
De pronto como una luz intermitente logro su fin, se apago y con ella, su corazón sintió ese apagón. Algo le había paralizado la mirada en una desilusión, presentía el destino muy cerca. Entre palabras confusas se armaban frases desilusorias, entre ellas sonaban “…y ella me ha presentado al amor y se fue”; “El viento hace palpitar mi corazón, en mi cabeza suena su nombre y confundo la tristeza con el amor”; “Ella de pronto se escapará de mi como miles de sueños se esfumaron y nunca fueron”.
Como si fuera eso poco, Azul notaba su cara como se apagaba, lo veía alejarse. Pero siguieron conversando, obviando esa ventisca de malos presentimientos; sin embargo, ahora ella también estaba poseída por la misma desilusión, sin saber de los pensamientos de Juan, pero sintiendo el peso de su tristeza sobre su rostro. Debía hacer algo al respecto, debía sacarle una sonrisa, pues esa era la manera que ella tenia desde hacia mucho tiempo, y eso era lo que a Juan y a ella los reunía, la capacidad de dar y recibir alegrías y tristeza juntos.
- Me parece agradable que a la noche me invites a ver una obra de teatro –quizás como mujer dejaba vender su compañía a cambio de una sonrisa de su amor platónico de la infancia.Aceptó sin represalias, pero solo que el descontento lo atormentaba y no dejaba que su cabeza se tranquilizara. No había en ese momento mas que ganas de apartarse del mundo real, de tirarse bajo un tren, de volar sin paracaídas y sentir la muerte a segundos de distancia. Era inmedible el destino, era incomprensible su demencia a tal punto que no sabia quien era, que su infancia se había borrado, ya no era mas un jovenzuelo, ya no compartía mas el mismo amor hacia Azul y eso lo desgarraba profunda e intensamente por dentro. Sus recuerdos eran solo palabras, sus ojos solo lo transportaban a pequeñas imágenes sin sentido, sin siquiera asemejarse a la realidad misma de lo que había sido. No tuvo mas remedio que aceptar lo que le pasaba, de dejar caer toda su fuerza sobre su cuerpo, la tensión no daba mas sustento. Sus hombros caían, su espalda se encorvaba de manera imperceptible para Azul. “No tiene mas sentido seguir avanzando, debo, debo, si debo rendirme aquí mismo ¿hacia donde voy? ¿por qué me ilusiono con ella, si su compañía es por lastima?
Ni una sola palabra se habían disputado, cada uno sabia bien su postura, Azul por su parte, no quería atormentarlo mayormente, y por el otro lado Juan que no tenia ahora mas sentido. “Y pensar que a la mañana estaba transpirando felicidad, o ¿acaso no era felicidad amar cualquier cosa a mi paso?” –pensaba Juan. ¿Acaso el muchacho comprendía el sentido de la felicidad, sabia bien cual sentido tenia, o solo determinaba por su propia cuenta: “la felicidad es momentánea”?
Miles de dudas lo dominaban, pero se mantenía fija la idea de la felicidad: ¿qué era? ¿existiría? ¿Cómo se llegaba a ella?, ¿quién se lo podía explicar?
¿Equilibrio entre interior/exterior? Subraya la opción correcta.
La actitud de un solitario, la inspiración de un poeta, la vida de un artista, el alma a la espera de que este hombre le abra la puerta de la libertad y pueda por fin acabar con ese sentimiento de estar 'atado a un sistema', o a algo. Pensando en el futuro hacer lo que otros sabios hicieron, olvidar cada día algo más. Dejar el pasado atrás y encontrar su lugar en la tierra, como un Buda hizo una vez, como un hombre aliado a la Naturaleza que sabe respetar su entorno. Ese, ese... es mi anhelo. Ese es mi objetivo, aunque yo mismo piense y entienda que los objetivos no son más que para un entorno exterior y no, como debería actuar y vivir en mi mundo interior. Como todos, desde el empresario por mantener su Boleto en la Bolsa a un precio constante o probar suerte ganando más; así somos todos, o al menos pretendemos serlo... así, busco el equilibrio entre lo exterior e interior, aunque (como el empresario) quiera más ganar un espacio interior que exterior.
Respuesta: “/”
viernes, 6 de abril de 2012
Juego, vida, filosofía, recortes de algún lado.
El juego de definir lo que se siente. Donde uno de los objetivos es: fingir vivir sin que se den cuenta de quién eres realmente, en otras palabras, mentir. ¿Quién no miente? Acaso, nuestra verdad, ¿no siempre es una mentira? -recorte de algún lado: "no es verdad, es mentira; es mentira tu verdad"- y cuanta verdad hay en mis mentiras... Es una hazaña que se ve cotidianamente, que se hace sin saberlo; y que, en muchos casos deberíamos aprender a hacerlo. Y vivir, tan solo es el silencio. Se podría definir en muchos casos. Alguien quizás me dijo, o quizás alguien despertó en mi hace mucho tiempo este pensamiento (no creo recordar cuál realmente fue lo ocurrido, "no quiero mentir, por eso especifico): las palabras tienen mucho peso, cuanto más callamos más decimos; el silencio puede hacer que el otro no sepa quién eres y que al escucharte sepa quién eres; sin embargo, no todo lo que dices o callas, habla de ti o de lo que quieras decir.
“Ella, la otra, la que no soy yo pero sin embargo siento que podría haber sido mi hermana[…] Lo ha dicho con firmeza, no como si hubiera jurado ante Dios, porque ya no cree en nada, cómo iba a poder hacerlo cuando ha vivido tanto tiempo como una persona que no debería existir.[…] Ella ha dicho que vivimos una época en la que nadie puede estar seguro del nombre de otra persona, nadie sabe ya de dónde viene ni adónde va. Sólo cuando se llega a algún sitio del que no hay que huir se puede decir el nombre verdadero, y el nombre de ella es Laurinda.” Página 277, TEA-BAG – Henning Mankell.
¿Quién podría vivir, cuando se siente mentido y miente sin saberlo, quién acaso sabe si a ciencia cierta son suyas las palabras o es una ilusión? Vivimos ignorando muchas cosas que cuando no lo ignoramos, nos lo replanteamos. ¿No sería injusto? ¿No nos estaríamos contradiciendo una y otra vez? Y es por eso que después nos reclama mucha personas: “que somos contradictorios”, si lo somos, pero probablemente no está en “ser o no ser” –valga la redundancia de lo que dije- y tal vez, en aceptar las consecuencias de lo que somos hoy, lo que fuimos y lo que seremos, y al mismo tiempo no pensar en ello. Vivir. Jugar, con las palabras, con las personas (aunque muchas personas hayan escuchado esto de otros, y suene no muy dichoso de ser leído ahora). Para jugar, para vivir, para amar, hay reglas: no impuestas, si a elección de cada uno. Somos libres de elegir, y de verlo de una manera en la que no afecte al otro. Como todo en estos días, como todo en esta vida: difícil de llevar a cabo. Pero no imposible… pero no imposible. Y deberíamos gritarlo para que lo escuchemos de nosotros y no de nuestra “lectura”, aunque hace una semana me dijeron que muchos afirman que eso tiene un sonido para nosotros que es un “habla interior”.
O al menos, hoy siento eso. O al menos, esas son las palabras más acertadas a lo que siento, dentro de mi dialecto actual.
viernes, 9 de marzo de 2012
Encima no lo publico para que lo veas…
Lo sé y me vuelvo más irónico. Lo sé y no es ilógico es cosa de todos los días en todas las personas. Lo que pasa, es cuando me pasa a mí, o a vos y tan solo a vos en particular. Cuando te afecta, y cuando no lo quieres enfrentar porque: no tendría sentido, te sentirías más solo aún, más en silencio. Que en otras palabras diría: si me haría mejor: podría estar conmigo mismo, pero no. Aprovecho que puedo tener hoy, a alguien que me escucha. Aunque no sepa nunca qué siente ¿quién podría estar seguro de algo?
martes, 6 de marzo de 2012
Lo transmito, para que otros intenten hacer su propia crítica…
El dolor está al lado, agárralo y te dolerá el corazón. Si este objeto puede ser cualquier cosa: desde un celular, hasta una rueda de auto. Denlo por echo, los objetos también tienen vida, no propia, sino en nuestra mente. ¿cuánto tiempo pasas sin tocar nada? ¿cuánto tiempo dedicas a encontrar tu espíritu verdadero? ¿cuántas veces te miras al espejo y aceptas quién eres? Hace un tiempo oí a un joven de mi pasado, -del mismo nombre pero no el mismo de hoy- que el amor provenía de la misma materia, uno da amor cuando siente amor; que el dolor, también proviene cuando nos sentimos mal con nosotros y no nos aceptamos; que la brutal sensación de querer matar a alguien, -otros dirían el rencor- si la reprimimos nos atormenta más y más, por querer conseguir a la inversa, el mismo odio hacia dentro; y así dándonos represión, a nosotros, queriéndonos matar -ten cuidado que no sea solamente creo-, sintiendo que tuvimos un amor y lo perdimos, es así como nos hacemos daño. Cúbrete de amor, será nuestra salvación. Regala amor, cuando lo tengas. Lo que no se siente, lo que no se conoce, no se debería transmitir, es mentir y lo que produce es, a la larga, sufrir.
lunes, 13 de febrero de 2012
Una retórica de ánimos: contratiempo de mi vida.
Puede que lo vea yo como una carga negativa hoy, puede que sea tan solo por acompañar a mi madre. Salir a caminar, es un problema; y esta noche paso a demostrarlo; o tan solo sea el mío, o el de esta noche.
Llegué a las ocho y cuarto, aproximadamente. No especifico bien, porque no vi el reloj al volver de las clases de “tap”. Que por lo visto, no me fueron muy bien, me sentí una bestia cargando los zapatitos con sus emplomaduras de caballo. Aunque solo sea una expresión, porque no las utilicé. Y aunque me gustó la clase a pesar de no coordinar acorde. Luego de intentar levantarme en el ex-columpio al lado del árbol (ejercicio de brazos), mi madre pregunta: “¿me acompañas a caminar?”, yo como siempre a la defensiva pensé: “ni loco iría a caminar, ¡menos con vos mamá!” o aunque sea ahora se me ocurre, sin embargo dije o adulé que la acompañaba. Entre las vueltas (seis o siete) tres estuve corriendo, sin ella. Luego, porque siempre es cuando es luego; esa angustia de decirse a uno mismo: ¿para qué fuiste, si sabías o al menos lo intuiste que no ibas a quedar anímicamente contento?
Tal es el caso, que hoy gritaría a los cuatro vientos: NO QUIERO HACER EJERCICIO, y menos con mi mamá.
Ella quizás lo haga por su colesterol, por pasar a “las chicas que caminan todos los días”, o tan solo para ir y hablar de la vida de ellas o de las demás, con sus amigas. Yo no le veo ninguna gracia, jugar como niño y competir, o al menos nunca lo vi como algo positivo: “tratar de ser mejor que el otro”, aunque muchas veces, no lo niego, me veo a la tentativa o con rencor por no ser mejor que la otra persona. Pero eso es parte de otro tema: aceptar lo que somos y que los demás sean.