Lejos de uno, del interior,
Cerca del exterior, alterado por la atormentación.
Pedir perdón a uno mismo y salir de tribulación.
Gritar con el corazón somos:
¡La nueva generación, la nueva alianza con el Señor!
Todo radica en la idea, todo importa cuando se depende. El amor y el odio están en el mismo juego, juguemos con ambos, amemos a la vida, odiémosla, pero aprendamos a aceptarlos. Quizás todo dependa de nosotros, quizás de los demás, quizás de Dios, tal vez de Satán; yo por mi cuenta, busco el bienestar y a alguien a quien amar por entero; una vez, me encontré con alguien tan puro, inmerso en sí mismo, esa persona era yo. Era un ser tan apreciable, quizás lo enmarqué como Dios, pero si dependemos de la idea para creer algo: quiero depender de la fe, de seguir creyendo que ahí estás: ¡Dios yo te quiero reencontrar! ¡Alma, cuerpo, yo te amo!
Pido arrinconarme a tu regazo
Pido una y mil veces tu cobijo.
Quizás uno cuando se pierde, busca. Puede que allí encontremos muchos, demasiados sentimientos y los busquemos en la realidad. Y aunque demasiadas veces me desencuentre, aunque a veces quizás sea mejor quedarse en los sueños uno vuelve y al hacerlo, encuentra desilusión, quizás por alejarse de allí, quizás por el mismo amor que se recibe se cree plenamente como un “enamorado” que en la realidad podemos encontrar nuestras almas en paz, nuestros corazones contentos por la armonidad entre hermanos o sea tan solo a amantes de lo irreal.